La noche anterior dormí como Dios, ¡increíble!. El amigo colchón inflable, que en paz descanse, fue sutituido por dos colchones de pura cepa.
Nos preparamos la ruta para ir a muchos sitios a entregar los CD’s.
Dejamos el coche en el centro comercial del día anterior y empezamos a caminar (¿y caminar por qué?. Te preguntarás… Dejémoslo en un fallo de sincronismo).
A la hora de salir, aproximadamente, encontramos una boca de metro, nos sumergimos en ella rumbo a Sunzes, porque habían unas cinco empresas cerca. Esa era la teoría, la práctica fue bien distinta, créeme. Llegamos a Suanzes y Edu encontró El País, entregamos los curriculums y un “amable” segurita nos dio unas intrucciones para encontrar el resto de calles que andábamos buscando. Se ve que tenía la brújula fuera de cobertura, porque nos mandó hacia… ¡no tenemos ni idea de hacia donde nos mando!. Pero no era lo que buscábamos, encontramos a un taxista al que casi se le salen los ojos de las órbitas al preguntarle por la calle Josefa Valcárcel y decirle que íbamos a ir caminando desde donde estábamos.
Lo bueno de perdernos es que encontramos un sitio para comer por 7€ con 2 platos, bebida, pan y postre. Seguimos las instrucciones del taxista y… ¡conseguimos llegar al fin!. ¡Nada me hubiera gustado más! no encontrábamos la dichosa calle, preguntamos a otro taxista que nos indicó. Caminamos toda esa avenida (ni idea de como se llama, solo se que corta con Alcalá) y allí decidimos coger el metro y huir como cobardes…
En Madrid no es recomendable ir puerta por puerta entregando el curriculum, como por ejemplo en Tenerife…
Nos fuimos, pero no sin antes pasar por Fotocasión a comprar algunas cosillas. De ahí fuimos para casa, cenamos una pizza gigante, ver la TV, preparar la maleta y levantarse a las 07:00 para ir al aeropuerto.
Mañana es viernes, ya estaré en casa.